Publicación realizada para RosarioNuestro

Sex Education

>>      28 Febrero, 2019
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Una vez más las nuevas tecnologías de la información y la comunicación reconfiguran el modo en que circula la información, los debates y las reflexiones, en este caso en torno a la sexualidad humana. La serie de Netflix instala en el living de casa y en los entornos virtuales el debate y la reflexión sobre una serie (valga la redundancia) de mitos, tabúes, creencias, miedos y cambios de paradigma en torno al comportamiento sexual y a los vínculos sexo afectivos.

La Educación Sexual siempre ha contado con modalidades formales, no formales e informales de transmisión. Educamos sexualmente desde el minuto uno de la vida de un ser humano aunque no nos propongamos hacerlo, en nuestro discurso, en nuestro modo de entender y de vivir las relaciones, con  nuestro lenguaje corporal, etc. A diferencia de esa educación informal, en la educación formal existe una intencionalidad, una sistematización de contenidos y un marco institucional. En la educación no formal la intencionalidad está presente pero por fuera de las instituciones.

Sex Education podría situarse entre lo informal y lo no formal, porque claramente hay una intención de transmitir un contenido y de instalar preguntas reflexivas acerca del tema.

Lo que pone en evidencia la serie, es la necesidad de una Educación Sexual Integral particularmente en la adolescencia, aunque la trama invita a pensar también sobre los modos de vinculación en la adultez, poniendo en tensión los modelos normativos al mostrar por ejemplo la disociación entre sexo y amor romántico como un escenario posible, desafiando los mandatos sociales que conminan al proyecto de pareja.

Esta necesidad reflejada en el contexto internacional a través de la serie, se manifiesta en consonancia con los debates que en Argentina se vienen desarrollando en torno a la implementación de la Ley 26.150 de Educación Sexual Integral sancionada en 2006, respecto de la cual se plantea la revisión del artículo 5 que actualmente permite que cada institución adapte a su ideario los contenidos, sesgando la información que llega a los estudiantes y cercenando el Derecho a la Educación Sexual Integral de los jóvenes, como parte de sus Derechos Sexuales universales y fundamentales.

En contrapartida, algunos sectores de la sociedad resisten la reformulación de ese artículo, argumentando el derecho de los adultos a decidir sobre la educación sexual de sus hijos, que más allá del sesgo posesivo que esa postura denota respecto de los niños y adolescentes en desconocimiento de su autonomía en tanto sujetos de derecho, también lamentablemente desconocen la inminencia de la exposición de sus hijos a las vías de educación informal, ineludibles, como son la tradicional información que circula entre pares, pasando por las series, hasta el acceso inevitable a la pornografía a partir de la existencia de Internet.

Asumir esta realidad y afrontarla, ya que la negación sólo empeora las cosas, implica aceptar la responsabilidad de garantizarles el acceso a información científica y basada en derechos, de la cual cada uno se apropiará en función de su sistema de creencias y valores personales y familiares. Pero los tratemos formalmente o no, los temas están planteados entre los adolescentes, tal como lo muestra la serie, por lo que sería recomendable que los adultos padres o madres la vean y la capitalicen como disparador para inaugurar un diálogo con sus hijos sobre las problemáticas que aborda (que exceden a las sexuales).

Finalmente, me permito señalar un punto a favor de nuestra sociedad respecto al contexto británico que en el que se produce la serie: allí el personaje de la sexóloga, madre del protagonista, constituye un tabú en sí mismo al inicio de la serie, a tal punto que puede apreciarse cierta vergüenza de su hijo en relación a la profesión de Terapeuta Sexual de la madre en un principio. Debo decir, en primera persona, como Sexóloga y habiendo chequeado lo que afirmo con mis hijas, que en nuestra cultura no existen prácticamente tales prejuicios en torno al rol del Sexólogo, ni ellas se sienten avergonzadas de mi profesión sino todo lo contrario. Será por eso, entre otras cosas, que pese a las innumerables crisis socioeconómicas que transitamos, la mayoría de los argentinos seguimos eligiendo habitar este suelo poblado de almas algo desprolijas, contradictorias, irreverentes, pero apasionadamente libres.

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