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Masajes eróticos: un servicio que consumen también las rosarinas

>>      20 Abril, 2018
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Hace algunos meses me contactó buscando ampliar su información sobre la sexualidad femenina, un joven que se dedica a ofrecer servicios de masajes eróticos para mujeres. Al principio me desconcertó su consulta, pero entendí que simplemente tenía una actitud profesional en relación a su tarea y buscaba optimizar el servicio que brinda. Entonces acepté facilitarle la información que necesitaba y le propuse entrevistarlo a su vez para elaborar esta nota.

Los masajes eróticos son un tipo de masajes relajantes, desarrollados por personas que en general (dicho por él y corroborado por otras fuentes periodísticas consultadas por mí) han tenido alguna formación tántrica. El concepto del masaje erótico reside en generar excitación a través de los masajes en todo el cuerpo, estimulando un registro de placer que no se limite a las zonas erógenas, sino por el contrario, descubriendo que todo el cuerpo puede ser erotizado a través del tacto cálido y sensual. Los masajes suelen llevarse a cabo con aceites, en este caso en el domicilio de la clienta, pero en otros casos el masajista erótico dispone de un lugar preparado especialmente para estimular todos los sentidos, por la iluminación, los aromas, la música… de manera que todo propicie el disfrute.

Si bien esos masajes pueden conducir al orgasmo, en general, suele excluirse el coito, ya que justamente esta no es una práctica orientada a la genitalidad.  En ese sentido, el masaje erótico que ofrecen se asemeja conceptualmente al ejercicio de “placereado” o focalización sensorial que propusieron William Masters y Virginia Johnson para el tratamiento de las disfunciones dentro de una Terapia Sexual. Las consignas que se le indican a la pareja para realizar en sus casas, son justamente las de explorar sus cuerpos sensualmente excluyendo el coito durante el ejercicio, e incluso, evitando el tocamiento de los genitales. La estrategia terapéutica es por un lado correr el eje de la genitalidad en el encuentro, que está sobrevalorado especialmente cuando hay disfunciones sexuales, y por el otro lado, conectar con todos los sentidos, y registrar con atención plena las sensaciones que provoca el contacto con la piel del otro, dejando de lado las expectativas de desempeño y deteniéndose sin prisas en el disfrute relajado y libre de presiones.

No es extraño entonces que el masajista entrevistado afirme que muchas mujeres casadas o en pareja a las que atiende, expresan que los encuentros sexuales con sus parejas mejoraron notablemente luego de que ellas experimentan otro tipo de conexión con sus propios cuerpos y sensaciones a través de estos masajes. Para muchas mujeres, implica una vía de autoconocimiento y exploración de las zonas más sensibles, que de otra manera no habían llegado a descubrir.

Ante mi pregunta de si considera su trabajo una forma de prostitución masculina, respondió rotundamente que no. Él y otros masajistas eróticos de ambos géneros, coinciden en que a diferencia de la prostitución, en este caso no es sexo lo que ofrecen, aun cuando la mujer pueda experimentar orgasmos durante la sesión, no es el objetivo primordial ni excluyente del masaje.

En relación a las características demográficas de la población que requiere sus servicios (en la ciudad de Rosario) manifestó que se trata de mujeres de clase media alta, tanto solas como mujeres que están en pareja. La clienta más joven a la que brindó sus servicios tenía 19 años (por supuesto es condición que sean mayores de edad para contratarlos), y la mayor tenía 68.

Otra cuestión que me llamó la atención, dados los tiempos que corren, es que el servicio se efectivice en el domicilio de la interesada. Inmediatamente pensé en los riesgos que implica el ingreso de un desconocido en la vivienda, lo cual claramente no es una situación segura bajo ningún punto de vista. Interpelado sobre este punto, respondió que suele inspirar confianza en el trato con las potenciales clientas (lo cual no sería técnicamente garantía de nada, los psicópatas también lo hacen y en eso reside el mayor peligro), más allá de que en este caso él lo mencionó refiriendo el orgullo de que luego sus clientas reconocen y valoran el trato respetuoso que les dispensa; por otro lado expresó lo que creo que es la clave de que el servicio funcione a domicilio: se maneja por referidos, es decir, por sucesivas recomendaciones entre quienes lo conocen y contratan.

Un tema polémico para muchos, una tendencia indiscutible incluso a nivel internacional, asociada a las transformaciones del rol de la mujer que actualmente puede incluso, pagar para obtener placer (no necesariamente sexual) lo cual siempre había estado reservado para el universo masculino, denotando una vez más la circulación progresivamente diferente del poder entre los géneros.

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