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Fantasías sexuales: esencia del erotismo

>>      22 Marzo, 2019
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Apenas se conocían, sabían sus nombres y algunos otros datos extraídos furtivamente de las redes sociales, frecuentaban un mismo espacio público. Alguna vez cruzaron un par de palabras, pero aquel día sólo conectaron con una mirada, sin saludos, sin preguntas, sólo la expresión de un deseo silencioso, o silenciado, pero intenso, irreverente eirracional, que los sacó del lugar al mismo tiempo, atravesando una multitud que dejó de existir para abrirles el paso apresurado hacia la calle, para subirse mudos y agitados al auto que los conduciría a la intimidad. Arrebatados, torpes, pero inusualmente excitados se desconectaron del mundo por unos minutos en un rapto de mutuo placer…y entonces abrió los ojos y suspiró, con una sonrisa de auto complicidad, pensando que tal vez algún día, quién sabe, aquella fantasía podría hacerse realidad.

A veces las personas me dicen que no tienen fantasías sexuales, simplemente porque no las identifican como tales, no le dan ese nombre a sus pensamientos, ideas, a la imaginación que motoriza sus ganas, a la representación mental de lo que vivenciamos incluso mientras está ocurriendo, o a los recuerdos de escenas que vuelven como flashback a nuestra mente una y otra vez…todo eso puede incluirse en el conjunto de lo que llamamos fantasías sexuales.

Los humanos somos capaces de anticiparnos, de abstraernos de la realidad y visualizar aquello que aún no pasó. Esto aplicado a una visión negativa del futuro puede ser fuente de ansiedades, pero orientado por nuestro deseo es una fuente inagotable de erotismo.

Según el sexólogo francés Gerard Zwang, la función erótica es el ejercicio consciente del placer sexual. El erotismo es entonces privativo del ser humano, así como la capacidad simbólica, el uso del lenguaje, la abstracción y la imaginación que alimentan nuestro deseo, lejos de cualquier comportamiento genéticamente programado.

El erotismo excede a la anatomía y la fisiología de los cuerpos, es más bien un relato sobre ellos, es el lugar que le damos en nuestro mapa de amor, es lo que cada detalle significa para nosotros según nuestra biografía, según los discursos con los que crecimos, nuestras experiencias, sensaciones y percepciones.

Algunos autores (Wilson, 1978) las clasifican según factores que las agrupan, entonces hablamos de Factores de Fantasía:

  • Exploratorio, donde el estímulo reside en la variedad de las situaciones
  • Íntimo, asociado a encuentros con sesgo romántico o con compromiso emocional
  • Impersonal, otorga valor a fetiches, ropas, películas, más allá de la persona
  • Sadomasoquista, centradas en juegos eróticos de poder

Las fantasías, potenciadoras naturales del deseo, son de lo más diversas, singulares, inéditas, indomesticables, subjetivas y libres. De hecho la fantasía es, por excelencia, el territorio donde nos expresamos con mayor libertad. Claro que no toda fantasía está destinada a convertirse en realidad. Algunas nos impulsan a la acción, otras, nos activan desde un íntimo rincón de la mente sin pretensiones de salir de allí. Lo importante, como siempre, es poder elegir.

 
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