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Celebrar la amistad: sentimientos, sensaciones y sensatez

>>      20 Julio, 2020
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Muchos de nosotros pasamos el cumpleaños “encuarentenados”, algunos con festejos por Zoom, Meet y demás plataformas para congregar virtualmente a los invitados. Otros de duelo, en introspección, o en soledad, en silencio, sin exposición digital. Para todos los gustos, pero de algo estamos seguros, el festejo fue diferente, en un contexto disruptivo que nos sacudió a todos ineludiblemente. Memorable, para bien o para mal, cada fecha significativa de este nunca bien ponderado 2020 que no respetó ningún guion previsto.

Esta celebración solía estar asociada a ciertos rituales, como las series interminables de juntadas gastronómicas con los diversos grupos de amistades, más o menos íntimas, que cada uno haya cultivado a lo largo de su vida.

En esos encuentros, tradicionalmente el protagonismo lo han tenido las sensaciones.

Los estímulos sensoriales del contacto físico, los abrazos, las palmadas en la espalda, los abrazos grupales, estaba presente toda esa efusividad que nos identifica como argentinos y de la cual estamos orgullosos por supuesto. Los sentidos alertados por la degustación de sabores, criollos, italianos, japoneses, brasileros, mediterráneos, etc. todas las culturas reflejadas en los sabores que se despliegan en las mesas alrededor de las cuales nos reunimos a celebrar. Las bebidas espirituosas, para los amantes del vino y de la birra, artesanal o industrial, con espuma o sin, sensaciones…sabores, olores, sonidos, música, luces, nos vemos, nos miramos, nos tocamos, eso era juntarse a celebrar…

Contextos extraordinarios, celebraciones extraordinarias. Este año podemos salirnos de lo ordinario, del orden social habitual, y explorar otras variantes para un festejo atípico.

Los sentimientos son los mismos, inalterables. Los afectos no sólo se demuestran exacerbando sensaciones. Podemos no responder al imperativo bacanal de la juntada tradicional. Podemos construir artesanalmente otra forma de celebrar, singular, propia de este tiempo.

Sentimientos expresados son sensatez

Sin descuidarnos ni descuidar a quienes amamos, podemos apelar al patrimonio mental y regalarnos algunas memorias. Los afectos se nutren de la memoria, la de largo plazo, aquella en la que atesoramos los recuerdos que no solemos evocar a cada rato. Esos que requieren de un momento a solas para ser rememorados. Esos que buscamos en algún rincón de nuestra infancia, en una transgresión adolescente o en las encrucijadas adultas.

Recurrir a la cognición, a los pensamientos, a la memoria, a la narrativa de anécdotas, a las fotos, cartas de papel, recuerdos…y hacer un ejercicio de agradecimiento.

Solemos grabar videos para todo, porque sí, filmamos al gato tomando agua, capturamos una escena de Netflix, registramos clases virtuales, trabajamos, vendemos, mostramos, pero pocas veces nos grabamos hablándole a un amigo, excepto que esté físicamente lejos. Podemos darnos el gusto de hacerlo, diciéndole en pocas palabras, aquello que siempre valoramos, aquello por lo que estamos agradecidos. Con humor, con seriedad, con dolor, con amor, con el tono que quieran. No para las redes, no para el grupo, sólo para el reconocimiento y el recuerdo, en el uno a uno íntimo que tal vez sólo la virtualidad nos anime a expresar.

Regalemos esos minutos, compartamos esos trazos de la memoria que no podemos transmitir cuando la juntada es multitudinaria, ruidosa y desbordada de excesos.

Pocas cosas en esta vida son tan gratificantes como el reconocimiento del otro, el sentirse elegido, reconocido como significativo, los gestos de agradecimiento y de puesta en valor de aquello que se hace sin esperar nada más que el bienestar o la felicidad del otro, pero que cuando vuelve a nosotros nos conmueve.

No podemos abrazarnos, no esta vez. Es transitorio, pero mientras tanto podemos ofrecernos estas caricias al alma, que también reconfortan y tampoco se olvidan.

 
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