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Carrito de compras eróticas en alza… ¿qué nos indica?

>>      19 Abril, 2020
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La respuesta parece sencilla, más adquisiciones on line relacionadas al erotismo, se asocia a ciertos montos de deseo sexual que busca satisfacción virtual ante el aislamiento social preventivo y obligatorio que impera en gran parte del mundo. Fin. Parece simple.

Esa es la respuesta que salta a simple vista, algo reduccionista. Pero si analizamos las noticias y vemos que no sólo se consumen más juguetes sexuales sino que también se incrementó en alrededor de un treinta por ciento el consumo de  “webcamers”, la cuestión se complejiza. Las webcamers son modelos que ofrecen sus servicios de baile o charla erótica en vivo a través de video llamadas por internet. Así como los encuentros sexuales presenciales pueden procurarse, pago mediante, con trabajadoras/es sexuales, también el cibersex, sexting o erotismo on line puede cargarse al carrito de compras que ofrece el universo virtual.

 

Según una nota de Infobae titulada “Las modelos de las webcam eróticas reinventan su negocio ante el boom de demanda por la pandemia”, las webcamers colombianas particularmente, incrementaron el tiempo que dedican a su trabajo (en promedio pasaron de seis a nueve horas por día), y registran variantes en su actividad debido al tiempo que ocupan escuchando y aconsejando a sus clientes sobre diversos temas que los agobian, en función de la pandemia y las medidas de aislamiento. Acusan un incremento de clientes nuevos, al tiempo que otros que habitualmente solían contactarlas no lo hacen, por la convivencia plena con sus parejas y/o familias en casa.

En la nota puede leerse cómo algunas modelos afirman que ante la situación mundial, además de la cuestión erótica ofrecen compañía, sonrisas, calidez. Si bien siempre existió la diversidad de preferencias entre quienes buscan más contenido sexual o alguien con quién hablar, la balanza parece inclinarse más hacia el diálogo durante la crisis.

La nota concluye diciendo que “el aislamiento supone una oportunidad privilegiada en un país con 47% de informalidad, donde los más pobres se debaten entre conservar la salud o sufrir hambre”…y cierra con la expresión de una de las modelos que afirma “La oportunidad de empleo en el país es compleja, entonces esta es una oportunidad que pienso aprovechar”.

Aun abstrayéndonos de las controversias entre el feminismo abolicionista (de la prostitución) y de las voces de las autodenominadas putas feministas que defienden sus derechos como trabajadoras sexuales, resulta claro que la opresión económica de un sistema en el que prevalece el trabajo informal, cuando no marginal, es un factor que condiciona ineludiblemente la decisión de dedicarse a ser un producto de consumo on line en tanto estímulo sexual viviente que funciona a gusto del consumidor.

De forma descarnada nos muestra cómo una parte de los ciudadanos del mundo intenta sobrevivir y escapar de la pobreza vendiendo su intimidad en línea, mientras que hay otra parte de la población, los compradores, que pese al colapso económico financiero internacional, siguen disponiendo fondos en abundancia como para pagar el servicio (de lujo?). Figura sobre fondo, alternadas, nos muestra las dos caras de la moneda social, que no surge a partir de la pandemia, sino que sólo se pone más en evidencia, si logramos hacer foco y no nos distraemos ingenuamente pensando sólo en la excitación sexual atrapada en el encierro forzado.

Por otro lado, este consumo que aparece como “de lujo” (¿?) insisto con el interrogante, nos lleva a pensar también en cómo se llega a  la necesidad de pagar por esa conexión erótica. Cuando digo erótica lo digo en el sentido más laxo y pleno de Eros en tanto pulsión de vida y amor en todas sus formas, no referido a lo estrictamente “genital”. Casualmente, personas con un alto poder adquisitivo que resiste indemne a la pausa en el andamiaje del mercado global, no disponen de contactos personales (presenciales o virtuales más allá de la convivencia o soledad durante el confinamiento) con quienes sostener una interacción socio afectiva, sea amorosa, sexual, amable, contenedora, emocional o erótica, y deciden pagar para gestionarla.

Cada situación es singular, las motivaciones son tan subjetivas que no podemos comprenderlas a todas en un conjunto. Tampoco se trata de juzgar ni uno ni otro comportamiento, sólo detenernos a apreciar la realidad que reflejan ciertos datos, para reflexionar sobre ella porque es nuestra, es en la que estamos inmersos. Y también nos invita a pensar en las dimensiones del aislamiento social que no sé si las políticas sanitarias están contemplando, que están a asociadas a la motivación humana.

Entiendo la prioridad de prevenir la propagación del virus, por supuesto, es incuestionable para preservar la vida. Pero la psicología ha estudiado los motivos humanos suficientemente para saber que dentro de las motivaciones primarias se encuentran el hambre y la sexualidad. La motivación es lo que otorga la energía y la dirección a nuestra conducta…

La diversidad de constelaciones personales es infinita, pero los motivos que mueven a los humanos desde todos los tiempos seguirán allí, tomando fuerza imperativa. Algunos habrán roto la cuarentena ya para acceder a un encuentro sexual furtivo, otros están lidiando con la dolorosa y displacentera sensación del hambre (no apetito, hambre), que tal vez ya les apremiaba y ahora directamente les puede resultar más letal que el COVID19. Además del hambre, cuya mortalidad ya conocemos con las cifras siempre espeluznantes de la desnutrición primaria, debemos considerar otros factores que ignoramos. No hay precedentes de una experiencia social de esta magnitud que puede predecir durante cuánto tiempo realmente, el ser humano puede resistir psicofísicamente al distanciamiento social, a la falta de contacto físico socio afectivo. Cómo esto opera psicológicamente podemos intuirlo, y sabemos a ciencia cierta que la depresión psíquica impacta en el sistema inmune haciendo deficitario su funcionamiento. Habitar nuestra existencia en contextos tan extraordinarios, es inédito, por lo que es difícil predecir la resistencia psicológica, estemos atentos, y preservemos más que cualquier otro recurso, nuestros afectos.

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