Publicación realizada para RosarioNuestro

Burbujas eróticas

>>      29 Mayo, 2021
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Que la pandemia cambió nuestra existencia es un hecho irrefutable. Los vínculos sexo afectivos también se vieron impactados de una u otra manera.

 

Para quienes estaban en una relación estable y en convivencia, el deseo se vio jaqueado por la hiper presencia “24x7”, el home office hizo que, para muchos, vivir en pareja se torne un estado permanente, sin alternancia de espacios, sin ventilación emocional y social que nos permita extrañar, tomar distancia, oxigenar, y a partir de la ausencia, desear.

 

Las parejas con fortalezas previas han logrado surfear estos avatares y reacomodar los ritmos del erotismo al nuevo escenario sanitario, social, económico y familiar. Otras parejas con conflictividad de base vieron precipitada la ruptura en estos contextos.

La cuestión ha sido algo más complicada para quienes estando sin pareja estable, solían desplegar su vida erótica en encuentros ocasionales, conociendo nuevos partenaires, lo cual se vio limitado más o menos significativamente acorde a las fases restrictivas que se vivan.

Hemos transcurrido diferentes etapas desde el inicio de la pandemia, la primera fue el shock de lo que te toma por sorpresa, con una gran incertidumbre, lo cual es sumamente ansiógeno, y altos niveles de miedo. En ese contexto, las recomendaciones de evitar encuentros sexuales, recurrir al autoerotismo y al sexting, parecían razonables y de hecho muchas personas las adoptaron a conciencia.

Pero desde las clásicas teorías de la motivación humana, sabemos que la sexualidad (junto con el hambre) constituye uno de los motivos primarios para el ser humano. Ninguna catástrofe que haya sufrido la humanidad ha extinguido el deseo sexual. Guerras, crisis económicas, catástrofes naturales, epidemias y por supuesto, la pandemia, no son suficientes para doblegar a Eros, que empuja con todas sus fuerzas para impulsarnos desde y hacia la vida aun en medio de la enfermedad y la muerte.

Las parejas no convivientes se encontraron, las personas solas conocieron a otras personas, algunas relaciones informales del tipo “nos estamos conociendo” decidieron dar el salto a la convivencia sin anestesia, aun teniendo claro que no era un proyecto sino casi un impulso, pero que en muchos casos se sostuvo aun pasadas las restricciones de circulación.

Pero claro, las idas y venidas de una fase a otra, este virus que llegó para quedarse en una pandemia que se sostiene demasiado en el tiempo, activó la creatividad propia de las situaciones críticas, y muchos decidieron armar lo que yo llamo “Burbujas eróticas”.

Dentro de la siempre fascinante polisemia de las palabras, el término “burbuja” adquirió un nuevo significado a partir de la pandemia. La burbuja escolar (el grupo de alumnos que comparte los días de presencialidad en la escuela), la burbuja laboral (el grupo de trabajadores que asiste en persona según turnos rotativos), la burbuja social (el círculo reducido de amistades que decidimos frecuentar cuando se puede), la burbuja familiar (el núcleo íntimo de afectos y cuidados irreductible), la burbuja de convivencia (aquellos con quienes habitamos durante la pandemia).

Entonces finalmente, ya es hora de blanquear y darles su merecido lugar a las burbujas eróticas: ese conjunto de personas con quienes se elige compartir encuentros eróticos asumiendo los márgenes de riesgo a los que cada uno está dispuesto, y en quienes se tiene la confianza de saber que, de existir sospecha, síntomas o contacto estrecho con infectados, nos evitarán la exposición, es decir, que respeten y garanticen un pacto de mutuo cuidado.

Los encuentros ocasionales entonces pasaron en muchos casos de ser ilimitados a moverse dentro de ciertas burbujas de recíproco cuidado, sin pactos de exclusividad ni compromisos, más que con esos cuidados. Esto opera tanto para personas que no están en un proyecto de pareja, como para quienes tienen una pareja estable en modalidades no monogámicas de relación. Parejas poliamorosas y parejas abiertas, también debieron reconfigurar sus lazos, encuentros y libertades.

Lo que me gusta también de la expresión “burbuja erótica” es que las burbujas remiten al juego, a la magia, a aquello que nos deslumbra, a esa gota de agua jabonosa que de repente se vuelve un círculo brillante, transparente, atractivo, también frágil, pero que mientras dura nos alegra, nos divierte y nos roba, no importa la edad que tengamos, una sonrisa.

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